El problema no es la soledad, ni la calma de estar en ella.
El problema es la vibracion del deseo, la resonancia de la necesidad ante lo fisico.
Aunque mas que conexión fisica está ese detalle, esa armonía psíquica... Ese equilibrio emocional... Ese balance entre dos mentes que solo se logra con el tiempo y en la intimidad.
Y el problema es justo ese. Ese balance que ya tuve, ese paseo por la cuerda floja de tus emociones y las mias, ese oasis que eran tus palabras, a las cuales me acostumbre demasiado, ese elixir que eran tus mimos... Aquellos que no encontrare en nadie mas.
Y me aterra la idea de tener intimidad con alguien mas, porque sé que siempre pensaré en ti, que tendre en mente tus palabras y tus detalles, tus expresiones y tus toques.
Porque sé que no tendré lo que tuve contigo en nadie mas, no encontraré ese alivio en otra mente, ni ese balance en las emociones de nadie mas si no es contigo.
Y se crea esa barrera en mi corazon, que sabe que solo tu eres dueño de ese pedacito de cielo que encontré en tu regazo, de esa satisfacción que sentia cada vez que estabamos en intimidad. Y que jamás será posible tener tal grado de profundidad en otros brazos, en otra mente, ni entender las expresiones de otra persona como comprendo las tuyas.
La sola idea de comenzar a buscar oasis y regocijo mental en otro lado me desequilibra. Tengo paradigmas, ideas establecidas por tu perfecto comportamiento malcriador que no me desataran ante la posibilidad de una convergencia ajena.
Porque soy tuya, tuya como lo es mi mente, mis pensamientos, mis sueños, mis ideas, mis estándares. Tuya como lo es mi cuerpo, mi alma, mi corazón, y el fuego que lo hace palpitar, tuya delante de ojos curiosos y tuya en nuestra bella intimidad.
Y aunque los detalles se me escapan, doy por certero que sientes lo mismo.
Somos tal para cual, en imperfecta unión.
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